La construcción del edificio data de 1916 y, en sus comienzos, funcionó como un cine que ofrecía proyecciones a los viajeros que esperaban la salida del ferrocarril. Años más tarde se anexó un bar que se convirtió en un punto de encuentro social para los vecinos del barrio de la Estación, quienes acudían a compartir charlas, copas y partidas de cartas.
En 1924, el entonces propietario, el Sr. Ayerdi, decidió cerrar el cine. Fue entonces cuando un ciudadano francés, oriundo de Nimes, alquiló la propiedad para ofrecer servicio de alojamiento junto con el bar.
Para 1945, la familia Estévez, inmigrantes españoles, tomó las riendas del establecimiento e inició un proceso de remodelación. Su primera decisión estratégica fue reemplazar el bar por un restaurante, argumentando que el antiguo despacho de bebidas restaba elegancia al hotel.
En aquel entonces, la estructura contaba con veinticinco grandes habitaciones dispuestas alrededor de un patio central abierto con galerías, un esquema similar a los conventillos de la época, que incluía sólo cuatro baños compartidos. Parte fundamental de esta arquitectura original es su inmensa cava, ubicada por debajo del lobby, la cual nació en 1916 como un sótano para el almacenamiento de alimentos y bebidas. Esta estructura subterránea presenta paredes de sesenta centímetros de espesor construidas con ladrillos de barro, levantadas con cal viva y arena de cantera de Tandil.
Gracias a su diseño cóncavo y a una aireación natural que proviene de las avenidas Colón y Machado, la cava mantiene un microclima seco con una temperatura estable de entre 13°C y 14°C durante todo el año, ofreciendo una penumbra óptima para la guarda de vinos. Además, el espacio cuenta con un sector separado, con ventilación específica, destinado históricamente a la conservación de fiambres y productos regionales.
En el año 1955, el Sr. Francisco Scarnato y su esposa, Isabel Hernández, compraron la propiedad y dieron continuidad al servicio, iniciando un legado familiar que perdura hasta hoy. La crisis económica de 1965 forzó el cierre del restaurante y de la mayoría de los hoteles cercanos a la estación; sin embargo, el Hotel Francia logró resistir, quedando como el único exponente de su tipo en el barrio.
Desde el año 2000, bajo la gestión de la segunda generación de la familia Scarnato, se realizó una gran remodelación para adaptarse a las exigencias modernas y ofrecer mayor confort, pero siempre respetando la identidad edilicia que lo caracteriza. Actualmente, la familia mantiene sus raíces en Tandil, enfrentando el desafío de la actualización tecnológica sin perder la calidez que ha sabido sostenerse a lo largo del tiempo.
"Los años pasan y la pasión crece; un siglo después, nuestras puertas siguen abiertas para compartir una parte de nuestras vidas con quienes deciden elegirnos."